Mindfulness y Meditación

Mindfulness

Desde la filosofía más profunda de nuestra escuela trabajamos un concepto meditativo denominado Shiné ("El camino a la luz"), la práctica de la plena consciencia, que nos ayuda a reducir el estrés en la vida diaria y a aumentar la benevolencia, el altruismo y la compasión.

Cuando la mente está agitada y confundida, cuando nuestra percepción de la realidad está distorsionada por pensamientos salvajes, odio, antojos, envidia y arrogancia, entonces el sufrimiento surge. La plena consciencia puede ser utilizada como una herramienta maravillosa para identificar esos pensamientos destructivos cuando surgen y evitar que invadan más nuestras mentes. Vivimos en un mundo en el que es prácticamente imposible ver la verdadera realidad, esa que se esconde tras las apariencias y muy difícil, por no decir imposible, alcanzar la paz mental. Todo son prisas, impulsos, continuos estímulos que impiden que nuestra mente descanse, que podamos escuchar el silencio.



Nuestro instinto nos lleva a poner miedos y esperanzas fuera de nosotros impidiéndonos mirar en nuestro interior. Tenemos una visión individualista del mundo, una visión egoísta y egocentrista de un mundo que hemos fragmentado olvidándonos de que todo está relacionado, de que pertenecemos a ese todo y de que no somos más que una parte de ese todo. Nuestra mente se halla presa de los pensamientos, los miedos, los anhelos, las preocupaciones y eso nos hace creer que la realidad son dichos pensamientos, miedos, anhelos y preocupaciones. Pero no es así.

Todas esas emociones no son más que las circunstancias a través de las que percibimos la realidad, las gafas con las que vemos esta realidad. La realidad es lo que pasa, es el hecho en sí. Pero nosotros, a través de nuestra mente contaminada por todas esas circunstancias subjetivas, no vemos ese hecho tal y como es: lo que vemos es el efecto que causa en nosotros. Si una persona te pisa un pie te dolerá el pie; si además crees que te lo ha pisado intencionadamente, sentirás ira y rabia. El pisotón será el mismo, el dolor físico el mismo, pero a ti te afectará de manera diferente: puede que el dolor haya pasado y tú sigas todo el día irritado acordándote del cretino que se divirtió pisándote el pie. Esa visión egoica del mundo nos hace presuponer intenciones en los actos de los demás. Y son esas intenciones las que más daño nos hacen, porque nos afectan directamente en nuestro plano emocional.

La práctica de la meditación, dedicar veinte minutos al día a relajar tu mente para que pueda aprender a ver la realidad, la verdadera realidad, es lo que te permitirá conocer tus emociones y, por tanto, controlarlas. No podemos cambiar la realidad, pero sí la forma en que nos afecta. Esa es la clave de la meditación.


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